Mientras en Silicon Valley y Bruselas se discute si hay que frenar o encauzar los modelos más potentes, América Latina no habla con una sola voz. Un reportaje de EL PAÍS América traza el mapa: gobiernos que abren las puertas a la IA como atajo de modernización e inversión, y otros que priorizan regulación, soberanía de datos y límites en campañas electorales.

No es un partido de “tecnófilos vs. tecnófobos”. Es una pelea de prioridades: atraer capital y recortar burocracia frente a controlar deepfakes, proteger derechos y no dejar la infraestructura crítica solo en manos de gigantes extranjeros.

Acelerar: Argentina, Colombia, El Salvador, Chile

En Argentina, el gobierno de Javier Milei promociona el país como tierra experimental para la IA: beneficios fiscales y cambiarios a largo plazo, atracción de centros de datos en el sur (agua, energía, frío) y una propuesta —aún sin debate pleno en el Congreso— para dar personería jurídica a empresas altamente automatizadas. OpenAI mostró interés en un proyecto de hasta 25.000 millones de dólares en la Patagonia; un año después, los avances públicos siguen siendo limitados.

Colombia, con Abelardo de la Espriella, encuadra la IA sobre todo como herramienta de Estado más pequeño y eficiente: interoperabilidad, analítica, talento técnico y un asesor ad honorem de alto perfil (David Vélez, de Nubank y vinculado a OpenAI). El crecimiento de centros de datos y la inversión privada avanzan; una política industrial de IA consolidada, menos.

El Salvador de Nayib Bukele apuesta por adopción visible: la app Doctor SV (orientación sanitaria con IA de Google) con millones de descargas según el gobierno; acuerdos educativos con xAI; ley de fomento de IA y una agencia dedicada. Chile, bajo José Antonio Kast, anuncia más IA en seguridad y fronteras, y trabaja en sustituir un proyecto regulatorio tipo UE por un texto más orientado a inversión —tras un traspié al intentar facilitar el uso de obras protegidas para entrenar modelos.

Frenar y enmarcar: Brasil y México

Brasil no tiene aún una ley integral de IA, pero el Tribunal Superior Electoral ha marcado criterios sobre deepfakes de cara a las elecciones, y el gobierno avanza en nube soberana para datos públicos (incluida sanidad). El territorio y las renovables se ofrecen, a la vez, como imán para centros de datos.

México, con Claudia Sheinbaum, publicó un Plan Nacional de Inteligencia Artificial y sitúa la Agencia de Transformación Digital en el centro del debate. El mensaje oficial: IA al servicio del interés público, regulación de usos electorales y de contenidos para infancias, y conversación semanal con especialistas sobre riesgos de concentración empresarial.

Misma tecnología, dos brújulas: “atrae inversión ya” frente a “pone reglas antes de que el algoritmo mande”.

Qué mirar desde el español digital

Para lectores de La Red Mundial, el patrón importa más que el titular de un solo país. La región combina estrategias nacionales, capacidades desiguales y una tensión permanente entre ser laboratorio barato de experimentación o actor con voz propia en gobernanza. Si trabajas con producto, periodismo o política pública en español, este split define con quién puedes desplegar rápido… y dónde te van a pedir transparencia primero.