Francia vivió el miércoles 5 de noviembre una jornada nacional de huelga y manifestaciones convocada por la intersindical que agrupa a CFDT, CGT, FO, Unsa y FSU, entre otras organizaciones. Según Associated Press, el Ministerio del Interior contabilizó más de 600.000 participantes en todo el país. A media jornada, la BBC había citado un primer balance oficial de unos 250.000 asistentes a las 13:00; Sophie Binet, de la CGT, dijo entonces que aquello era solo el comienzo. Agencias como AFP y AP elevaron después la cifra por encima del medio millón.
Las reivindicaciones, detalladas por franceinfo, incluyen negociaciones salariales inmediatas en empresas y ramas, igualdad salarial entre hombres y mujeres, pensiones más altas, una subida del punto de índice de la función pública, un SMIC más elevado —la BBC sitúa el salario mínimo en torno a 12,31 euros la hora— y más financiación de los servicios públicos. Los sindicatos se oponen a los congelamientos de prestaciones sociales y de sueldos públicos previstos en el presupuesto de 2027, y reclaman mayor justicia fiscal.
La protesta alteró el funcionamiento de escuelas, hospitales y transporte público. La BBC informa de que la Torre Eiffel y algunas salas del Louvre permanecieron cerradas, de que se esperaban paros en refinerías y de que Francia podría importar más electricidad por la afectación a centrales nucleares. Swissinfo señala que las autoridades desplegaron unos 70.000 agentes ante el riesgo de violencia; Euronews y AFP reportaron enfrentamientos y uso de gas lacrimógeno en la zona de Lyon.
La jornada llega tras semanas de protestas de estudiantes de liceo y de disturbios del 17 de octubre. Una reunión en Matignon con los sindicatos el 21 de octubre no bastó para aplacar el malestar, según franceinfo. El ministro de Trabajo, Jean-Pierre Farandou, dijo que un aumento excepcional del SMIC «no es un tabú», aunque no está decidido, recogió el mismo medio.